miércoles, 31 de julio de 2013

Recuerdos de la infancia de Celina Iváñez

Muchos son los recuerdos que nos trae la Villa de  Bilbao, hemos venido ininterrumpidamente a ella desde pequeños y siempre ha sido nuestro segundo hogar y el sitio al que toda la familia ha estado vinculada desde aproximadamente 1860.

Todas estas instantáneas corresponden a los últimos años de la década de los 60, en ellas aparecen diferentes lugares de la Ciudad. La verdad es que Bilbao ha cambiado mucho y desde luego la ciudad está mucho más guapa ahora que entonces.

La recordamos como una ciudad industrial y con mucho encanto, el cariño que sentimos por ella mi hermano Eladio y yo nos lo inculcó nuestra madre Adelia Ivañez que era una enamorada absoluta de La Villa. Desde pequeños  hemos conocido  las  calles del casco Viejo y hemos tratado con los bilbaínos creando con muchos de ellos unos lazos de amistad que nunca se han roto.

Con mi Madre

Esta  foto   tiene un inconmensurable  valor sentimental para mí, en ella aparezco con mi madre en un momento de descanso de la venta del turrón en El Portalito, el original. De todos los miembros de la familia Iváñez que hay actualmente en Bilbao yo soy la que, por circunstancias, ha venido más años y con mayor continuidad a la Villa, de hecho en la década de los 60 era la única que acompañaba a mi madre en los meses  de noviembre y diciembre. Este hecho me convierte en la turronera más antigua de la familia.

Trasera del Teatro Arriaga
Esta foto se realizó en la parte de atrás del Teatro Arriaga, en ella se adivinan edificaciones  que no existen  actualmente y el color que predominaba era el gris. Durante muchos años esto  ha sido un tópico recurrente al hablar de Bilbao, curiosamente los turistas y visitantes que llegan en mayor número cada año la encuentran luminosa, limpia, preciosa y llena de edificios singulares.

Recuerdos de la infancia de Celina Iváñez
Muelle de Marzana
En el muelle de Marzana y bajo el puente de la merced aprovechó mi padre para fotografiarme,  en el edificio del fondo apenas se reconoce a  nuestro maravilloso mercado de la ribera felizmente remozado y en la actualidad lleno de color.

Con mi Padre
La Turronera era nuestra madre Adelia Iváñez, aunque nuestro padre aprovechaba sus vacaciones para echarle una mano en las labores de venta de turrón en el puesto de la Calle Correo 12. Era una ardua labor diaria ya que había que montar el puesto por la mañana, bajar los turrones y por la noche repetir el proceso a la inversa, y así un día y otro día. Siempre recordamos a nuestra madre y el duro trabajo que se hacía entonces. Estaría muy contenta al saber que por fin la tienda que ella siempre deseó la abrieron sus dos hijos: La histórica Turronería Iváñez, en Correo 23.

Visita a la Basílica de Begoña

Una de las tradiciones que no podía faltar en nuestra estancia en Bilbao era la visita a la basílica de  la Virgen de Begoña. Mi madre me hacía subir las escaleras de Solokoetxe y a mi por mi corta edad me fatigaba subirlas y me ponía de muy mal humor. ¡Qué recuerdos!  Nuestra madre era una gran devota de la virgen bilbaína y  todos los años antes de iniciar la venta de  turrón cumplía a rajatabla con esta costumbre, y siempre había que ir a pie y por las escaleras.

Celina Iváñez

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